Causas del efecto invernadero

Las principales causas por las cuales se produce un aumento de las temperaturas del planeta son:

Descripción de los principales gases que provocan el efecto invernadero:

CO2. Su importancia no radica en que sea el gas más peligroso en toxicidad y permanencia en la atmósfera, sino en la concentración a la que se encuentra, 1000 veces superior a la de cualquier otro producto de origen industrial. Las emisiones de este gas representan el 50% del efecto invernadero producido por la actividad humana.

El CO2 se genera en los procesos de combustión de hidrocarburos de automóviles y calefacciones industriales, antracita y hulla de las centrales térmicas, turba de las chimeneas, incendios forestales y, en menor proporción, del gas.

El origen de la producción humana de CO2 varía sensiblemente según la zona. En los EEUU la mayor parte de este gas es originado por el transporte; en China, por la industria y las centrales térmicas; en los países de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petroleo), a las centrales de petróleo; y en los países pobres, con menor contaminación, a la quema de leña para hacer fuego (calor, cocina).

El metano, generado en actividades agropecuarias, es responsable del 16% del efecto invernadero.

Este gas se obtiene principalmente, de la descomposición de la materia orgánica, en ambientes pobres en oxígeno, y sus principales productores son el ciclo digestivo del ganado, ciertos cultivos (por ejemplo, los arrozales), los vertederos y, en menor proporción, los incendios forestales, la actividad de las termitas y otros insectos.

La producción de metano se estima en 500 millones de toneladas métricas anuales, de las cuales, 345 millones (el 69%) son producto de la actividad humana.

El óxido nitroso (N2O) representa el 6% del efecto invernadero.

Proviene principalmente: de las chimeneas de las centrales energéticas que utilizan carbón, de los tubos de escape de los automóviles, y de la acción de los fertilizantes nitrogenados que se utilizan en agricultura. El óxido nitroso también se libera por la degradación de fertilizantes nitrogenados y estiércol del ganado.

Aunque su concentración en la atmósfera es escasa, una molécula de N2O tiene un poder de calentamiento global 230 veces superior a la del CO2, con un tiempo de permanencia en la atmósfera de 150 años.

La producción de cloro-fluoro-carbonos (CFCs) contribuye con aproximadamente el 14% del efecto invernadero.

Son gases no naturales de origen puramente industrial con alta toxicidad. Son sustancias químicas sintéticas, formadas por cloro, flúor y carbono.

Los CFC también destruyen la capa de ozono en la atmósfera, y hacen que una mayor proporción de rayos ultravioletas llegue a la superficie de la Tierra.

Los sustitutos del CFC, los hidrofluorcarbonos (HFC) y los hidroclorocarbonos (HCFC), son menos nocivos para el ozono, pero contribuyen de la misma manera al efecto invernadero. Así pues, sólo pueden ser considerados soluciones transitorias.

Ozono troposférico. Aunque el ozono en la estratosfera forma una capa protectora que nos protege de los rayos ultravioletas que provienen del sol, su presencia en la baja atmósfera, o troposfera, contribuye al efecto invernadero. Cada molécula es 2.000 veces más efectiva al atrapar calor que una molécula de CO2.

Se genera por la reacción de la luz solar con contaminantes comunes, como el monóxido de carbono, los óxidos nitrosos y los hidrocarburos. En los trópicos, su tiempo de permanencia en la troposfera varía de horas a días.

El hexafluoruro de azufre (SF6) y los perfluorocarbonos (PFC) también están incluidos en el Protocolo de Kyoto porque, aunque su producción es escasa, son muy tóxicos y de larga permanencia.

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